Resumen: La infertilidad masculina se ha convertido en un problema de salud pública global, especialmente entre varones jóvenes. Una causa relevante es el consumo excesivo de carbohidratos refinados, presente en dietas hipercalóricas que, junto con el sedentarismo, altera el metabolismo e impacta negativamente en la calidad seminal. Estos hábitos pueden inducir resistencia a la insulina, dislipidemias, inflamación sistémica y desequilibrios hormonales que afectan la espermatogénesis y reducen la capacidad de fecundación. Desde el laboratorio clínico, se evalúa la salud metabólica mediante biomarcadores como glucosa, insulina, perfil lipídico, hemoglobina glicosilada e índice de masa corporal. Además, el seminograma permite analizar volumen, concentración, motilidad y morfología espermática, mientras que la medición de hormonas androgénicas como testosterona, FSH y LH ayuda a detectar alteraciones en el eje hipotálamo-hipófisis-testículo. Las dietas altas en carbohidratos provocan conversión excesiva de testosterona a estrógenos y aumentan el estrés oxidativo, afectando la calidad del semen. Esto puede traducirse en menor volumen del eyaculado, baja concentración espermática y motilidad reducida. Por lo que mantener una dieta equilibrada es esencial para preservar la fertilidad masculina y mejorar la función reproductiva.
Palabras clave: Infertilidad masculina, Carbohidratos refinados, Función testicular
La infertilidad es una enfermedad del sistema reproductivo masculino o femenino que imposibilita conseguir un embarazo después de doce meses o más de relaciones sexuales habituales sin protección. Actualmente esta condición se ha convertido en un problema de salud global que afecta a millones de personas en edad reproductiva. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), aproximadamente el 17,5% de los adultos, es decir, casi una de cada seis personas, experimenta dificultades para concebir en algún momento de su vida (OMS, 2023). Esta alta prevalencia subraya la necesidad de abordar la infertilidad como un problema de salud pública, garantizar el acceso a tratamientos asequibles y eficaces para quienes los necesitan.
A diferencia de muchas enfermedades cuya incidencia varía entre regiones o niveles socioeconómicos, la infertilidad afecta de manera similar a personas en países de ingresos altos, medios y bajos. Asimismo, no se presenta en un intervalo de edad específico, ya que puede afectar tanto a jóvenes como a adultos de mayor edad. Sin embargo, su impacto en la población joven ha cobrado especial relevancia en los últimos años, ya que se ha observado un aumento en la incidencia de problemas de fertilidad en varones jóvenes (entre los 20 y 30 años). No obstante, la disponibilidad y accesibilidad de los tratamientos varían drásticamente. En la mayoría de los casos, los costos elevados y la falta de apoyo en los sistemas de salud impiden que muchas parejas accedan a terapias especializadas. A esto se suman factores como el estigma social y el impacto emocional que puede tener las personas con infertilidad.
Entre los múltiples factores que influyen en la fertilidad masculina, la ingesta calórica excesiva debido a dietas ricas en carbohidratos, combinada con una baja actividad física, puede inducir cambios bioquímicos en diversos órganos, incluyendo el hígado, el músculo, el cerebro, el tejido adiposo, el riñón y los órganos reproductivos (testículos). Estos cambios pueden estar relacionados con baja sensibilidad a la insulina, dislipidemia metabólica (exceso de triglicéridos y bajo colesterol HDL), un estado prooxidante e inflamatorio sistémico. El factor dietético ha cobrado especial relevancia en los últimos años, ya que diversos estudios han señalado que, el consumo excesivo de carbohidratos impacta de manera negativa en la calidad del semen y la capacidad de fecundación (Skoracka, 2020; Tremellen, 2016).
Desde el laboratorio clínico, es posible evaluar el impacto de estos desajustes metabólicos a través de la medición de diversos biomarcadores. Entre ellos, los niveles de glucosa e insulina en sangre permiten determinar la presencia de resistencia a la insulina, un fenómeno asociado a la disfunción metabólica (Jensen, 2021). Marcadores clínicos par el diagnóstico de síndrome metabólico, como un perfil lipídico (colesterol total, LDL, HDL y triglicéridos); Hemoglobina glicosilada (HbA1c); Índice de masa corporal (IMC) y circunferencia de cintura, utilizados para evaluar obesidad central; y la presión arterial, son los más usuales (Fig. 1).
Para evaluar la capacidad de fecundación en los varones, el laboratorio clínico dispone de diversas pruebas que permiten analizar la calidad del semen y su potencial reproductivo. El seminograma es el análisis más utilizado, proporcionando información sobre el volumen del eyaculado, la concentración espermática, la motilidad, vitalidad y la morfología de los espermatozoides (Barazani, 2014). Adicionalmente, pruebas especializadas como la fragmentación del ADN espermático, la evaluación del estrés oxidativo seminal, y la prueba de capacitancia espermática, permiten detectar posibles alteraciones que comprometan fertilidad. Además del análisis seminal, la evaluación integral de la fertilidad masculina requiere la cuantificación de hormonas andrológicas, que regulan la producción y funcionalidad espermática (Aitken & Baker, 2020). Entre los principales marcadores hormonales se incluyen:
• Testosterona total y libre, fundamentales para el desarrollo y mantenimiento de la función reproductiva masculina.
• Hormona luteinizante (LH), que estimula la producción de testosterona en las células de testículo.
• Hormona foliculoestimulante (FSH), esencial para la espermatogénesis.
• Prolactina, cuyos niveles elevados pueden estar asociados con disfunción testicular e infertilidad.
• Estradiol, que en niveles elevados puede indicar alteraciones en el equilibrio hormonal masculino.
Estas herramientas diagnósticas son fundamentales para comprender cómo factores como la dieta pueden influir en la calidad seminal y, en consecuencia, en la capacidad reproductiva masculina.
La dieta juega un papel crucial en la fertilidad masculina, ya que los nutrientes que se consumen influyen directamente en la producción hormonal, la calidad del esperma y la función testicular. Un alto consumo de carbohidratos refinados, como los presentes en el pan blanco, el arroz procesado, los refrescos azucarados y los postres industriales, favorecen alteraciones metabólicas que afectan la producción de testosterona y aumentan los niveles de estradiol debido a una mayor actividad de la aromatasa en el tejido adiposo, lo que genera un desequilibrio hormonal que compromete la espermatogénesis y la fertilidad masculina González & González-Medina, 2022; Tremellen, 2016).
Además, el exceso de carbohidratos provoca disfunciones a nivel cerebral que impactan en la regulación hormonal. La inflamación crónica y el estrés oxidativo afectan la función del hipotálamo, interfiriendo en la secreción de la hormona liberadora de gonadotropina (GnRH). Como consecuencia, la hipófisis reduce la producción de la LH y FSH, afectando directamente la función testicular y la producción de espermatozoides. Estudios han demostrado que los varones con obesidad y resistencia a la insulina presentan una menor secreción pulsátil de estas hormonas, lo que contribuye a una disfunción reproductiva progresiva (Aitken & Baker, 2020).
Por otro lado, el estrés metabólico generado por la hiperglucemia persistente y la inflamación sistémica también impacta la barrera hemato-testicular, afectando la protección de los espermatozoides en desarrollo. La acumulación de tejido adiposo en la región escrotal puede incrementar la temperatura testicular, deteriorando la espermatogénesis. Este ciclo de alteraciones metabólicas y hormonales convierte a la dieta en un factor clave para preservar la fertilidad masculina y evitar el deterioro del eje hormonal (Jensen et al., 2021).
El consumo de dietas altas en carbohidratos puede afectar negativamente los parámetros evaluados en un seminograma, comprometiendo la fertilidad masculina al impactar la producción de líquido seminal (Skoracka et al., 2020). Esto puede traducirse en alteraciones en la viscosidad del semen, dificultando la movilidad espermática y reduciendo la capacidad de los espermatozoides para alcanzar el óvulo. Además, un volumen de eyaculado menor a 1.5 mL puede estar relacionado con disfunción en las glándulas accesorias, como la próstata y las vesículas seminales, cuya actividad secretora se ve afectada por los desbalances metabólicos inducidos por una dieta hiperglucémica.
La hiperglucemia crónica y la resistencia a la insulina pueden provocar un aumento en la conversión de testosterona a estrógenos en el tejido adiposo, lo que altera el equilibrio hormonal necesario para la espermatogénesis. Como resultado, los niveles de testosterona pueden disminuir, afectando la producción y maduración de los espermatozoides. Además, el estrés oxidativo derivado del exceso de carbohidratos en la dieta genera daño en las células germinales, reduciendo la motilidad y la viabilidad espermática (Aitken & Baker, 2020). En conjunto, estos factores pueden contribuir a una menor capacidad de fecundación, resaltando la importancia de una alimentación equilibrada para preservar la función reproductiva masculina.
La fertilidad masculina es un tema que merece mayor atención, especialmente en los jóvenes. El estilo de vida moderno, caracterizado por dietas altas en carbohidratos y bajos niveles de actividad física, puede contribuir al desarrollo de desajustes metabólicos que afectan la salud reproductiva. A través del diagnóstico clínico y la adopción de hábitos saludables, es posible mitigar estos efectos y mejorar la capacidad de fecundación, promoviendo así una mejor calidad de vida y bienestar a futuro.