Resumen
Es posible que hayamos pensado que nuestras huellas dactilares estarán presentes a lo largo de nuestra vida y que son inmutables, y quizá esto pueda ser cierto hasta la sexta década de vida, porque a partir de entonces, podría iniciar un proceso de deterioro de nuestra identidad dactilar. Al patrón codificado y estructurado por diminutos hundimientos (surcos) y finas elevaciones (crestas) de ciertas regiones de la piel se le conoce como dermatoglifo. Este último es único e irrepetible, y nos identifica y distingue del resto de personas. Cuando la yema de los dedos, la palma de la mano o la planta de los pies contactan una superficie u objeto, dejamos impreso nuestro dactilograma, esto es, nuestras huellas dactilares. Podríamos decir que la huella dactilar es algo así como un código de barras irrepetible y distinto para cada individuo. Hay afecciones dermatológicas capaces de producir el deterioro del dermatoglifo y consecuentemente de la impresión de la huella dactilar. El daño en el dermatoglifo puede ser consecuencia de cortes profundos en la piel, o estar relacionado con la actividad laboral. Conviene reconocer que en distintos ámbitos podría ocurrir la imposibilidad del registro y reconocimiento de la huella dactilar.
Palabras clave: Dermatoglifo, Huellas dactilares, Identificación
Introducción
En la yema de nuestros dedos, en la palma de las manos y la planta de los pies, existe un diminuto patrón codificado por surcos (hundimientos de la piel), poros sudoríparos y crestas (elevaciones de la piel). Este patrón es único e irrepetible, nos identifica y distingue del resto de las personas. Dicha expresión de nuestra piel se le conoce como dermatoglifo (derma= piel y glifo= grabado) y tiene su origen durante el desarrollo intrauterino (Balameenakshi et al., 2013; Guízar-Sahagún, 2021).
Por otro lado, las huellas dactilares son toda impresión o “estampado” de la yema de los dedos o de la planta de los pies sobre una superficie. Estas se pueden reconocer mediante dispositivos electrónicos como lectores ópticos. Desde nuestro nacimiento podemos tener una distinción del resto por medio de nuestra huella dactilar o dactilograma. Cuando un individuo toca un objeto, su dactilograma deja rastro de contacto a través de la impresión de su huella dactilar sobre el objeto manipulado o tocado (Balameenakshi et al., 2013).
Una posible explicación de por qué tenemos minúsculas elevaciones (crestas) y hundimientos (surcos) en la piel de los dedos, en la palma de la mano y en la planta de lo pies es que nos permitirían un mejor agarre de objetos y tracción al caminar (Guízar-Sahagún et al., 2021).
Resulta interesante saber que no existen dermatoglifos idénticos, ni entre personas y tampoco en los dedos del mismo individuo. El dermatoglifo de cada individuo no presenta variación a lo largo de la vida, a menos que exista una lesión en la piel. No obstante, la nueva expresión de los dermatoglifos seguirá siendo única. Hasta en los gemelos monocigotos (gemelos idénticos), es decir, individuos que comparten la totalidad de su ADN, también hay dermatoglifos diferentes. Por lo tanto, es posible identificar a una persona con el análisis de sus huellas dactilares, técnica conocida como dactiloscopía (Silva et al., 2018).
Aunque la tecnología de identificación ha tenido grandes avances, las huellas dactilares siguen siendo un método confiable y ampliamente utilizado de reconocimiento. En el caso de los recién nacidos, separarlo de su madre tras el nacimiento genera la necesidad de garantizar su identificación de manera precisa para evitar confusiones. La toma de huellas dactilares tanto de la madre como del bebé proporciona una estrategia de seguridad y garantiza que el pequeño sea identificado correctamente (Sanz López et al., 2003). No obstante, los dedos de las manos de un recién nacido son pequeños y delicados, por lo que resulta conveniente la impresión de las huellas de los pies, que son más grandes y definidas, incluso en bebés prematuros (Balameenakshi et al., 2013).
Otro ejemplo del uso de la huella dactilar para distinguirnos e identificarnos es el que tiene lugar durante el proceso administrativo correspondiente al trámite de la credencial para votar que, entre otros requisitos, requiere la impresión de las huellas dactilares de los dedos de ambas manos. Si tiene más de 18 años seguramente recuerda el proceso de registro que debió cumplir en las oficinas del Instituto Nacional Electoral (INE) de su localidad (Guízar-Sahagún et al., 2021).
En una investigación realizada en el año 2018, un grupo de científicos chilenos de la Universidad de San Sebastián publicó un artículo en el que comunican los resultados del análisis de las huellas dactilares de 487 individuos, hombres y mujeres, cuya edad se encontraba entre los 55 y 107 años y que estuvieron exentos de heridas o quemaduras que pudieran haber dañado su dactilograma. Los investigadores encontraron que el 48.25% de los participantes no presentaba dactilograma, siendo las mujeres las que en mayor porcentaje carecían de su identidad dactilar (Silva et al., 2018).
El estudio reveló que, en mujeres la edad de inicio del desvanecimiento del dactilograma es a los 63 años, y para los hombres a los 66 años. Se estimó que, entre los 80 y 90 años de vida, del 25 al 50% de la población chilena, podría haber perdido la totalidad de su identidad dactilar y que solo un 25% de la población mayor a 90 años podría seguir conservando su dactilograma (Silva et al., 2018).
A partir de los resultados del estudio antes comentado, queda claro que la edad avanzada supone un factor determinante para la pérdida del dactilograma y en consecuencia de la capacidad de plasmar y ser identificados por medio de las huellas digitales.
La garantía de una identidad dactilar intacta a lo largo de nuestros años no es del todo cierta. Las lesiones en la piel causadas por quemaduras, cortes que produzcan citarices, envejecimiento, denervación o medicación con corticosteroides pueden ocasionar un deterioro de las crestas epidémicas y consecuentemente del patrón de las huellas dactilares (Guízar-Sahagún, 2021).
Otro concepto para tener en cuenta es la adermatoglifia, que significa ausencia de las crestas epidérmicas, dicha condición imposibilitaría la detección biométrica dactilar. La adermatoglifia puede ocurrir en uno o varios dedos de la mano (Rizk, 2016).
Las causas de adermatoglifia son adquiridas, más que congénitas. Los trastornos de origen dermatológico más frecuentes responsables de la adermatoglifia son los que cursan con irritación, hinchazón, comezón y sequedad de la piel, como son la dermatitis de contacto por irritantes, la dermatitis atópica y la dermatitis de contacto alérgica (Rizk, 2016).
La población de América Latina envejece y según los datos de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) la expectativa de vida al nacer es de 88.5 años para las mujeres y de 85.1 años para los hombres (CEPAL, 2022).
Para el caso de México, la encuesta nacional de la dinámica demográfica (ENADID) del 2023 muestra que la población en México mayor de 70 años es de 8.28 millones, correspondiente al 6.4% de la población total (INEGI, 2023). Adicionalmente, se desconoce la prevalencia de adermatoglifia en este sector de la población mexicana.
Aún falta por saber si los resultados de la investigación realizada en la Universidad de San Sebastián puedan ser consistentes en los habitantes de otros países de América Latina, además de considerar que resultaría interesante averiguar si la actividad laboral o doméstica de las personas podría ser factor de riesgo para el desvanecimiento o la desaparición prematura de la identidad dactilar de los individuos. Sin duda, un tema de interés para todos, dado el impacto en el ámbito administrativo y legal de los habitantes de nuestro país y del mundo.
La siguiente vez que realice algún trámite administrativo, laboral o de tipo escolar en el que le sea requerido identificarse por medio de la huella dactilar, le permitirá recordar de la existencia de su código personal, de un dactilograma que es irrepetible y sigue de manifiesto.
Aunque se considera que la huella dactilar es un rasgo inmutable, la evidencia sugiere que el dactilograma puede verse afectado por diferentes circunstancias, especialmente en la población de edad avanzada. Adicionalmente al envejecimiento, otras condiciones como las lesiones de la piel, las enfermedades dermatológicas y algunos medicamentos pueden afectar la integridad del dactilograma.
En un contexto donde la población latinoamericana envejece de manera acelerada, la integridad del dactilograma cobra relevancia, no solo en el ámbito personal, sino también en el administrativo y legal. Es importante recordar que, si bien el dactilograma puede verse alterado, su valor como herramienta de identificación sigue siendo significativa.
La apreciación conceptual del dactilograma como un fenómeno biológico nos permite reconocer la complejidad y belleza del cuerpo humano, y nos invita a reflexionar sobre la importancia de su cuidado y protección.